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Tema 6. etica fundamental. verdad y libertad

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Tema 6. etica fundamental. verdad y libertad

  1. 1. Tema 6. Ética fundamental: verdad y libertadCurso en línea "Catequesis básica para padres"Autor: Michel Esparza | Fuente: http://sontushijos.orgVuestras respuestas al tema 5 han sido muy acertadas. Lasdescripciones del Cielo eran deliciosas. Quizá la pregunta más difícilera la primera: cómo demostrar con la sola razón que existe vida trasla muerte del ser humano. No se trataba de dar ningún argumentoprocedente de la fe, sino únicamente argumentos meramenteracionales. Por ejemplo, puesto que somos libres, si alguien me diceque no hay vida tras la muerte, defiende una postura absurda, puestoque me está convirtiendo en un animal o en un ordenador más omenos complicado a quien ni siquiera se le pueden dar las gracias porel bien que ha hecho...Cambiamos ahora de tercio comenzando a estudiar algunos aspectosde la ética. Este tema 6 es el más complicado, pues contiene muchosdatos filosóficos. Aconsejo a quien no esté familiarizado con esosconceptos, que no se preocupe y que lo lea de modo más superficial.Todo menos atragantarse...Michel Esparza (sacerdote, autor del curso).Ética fundamental: verdad y libertadEstos son los dos puntos que quería tratar.Primero, que los seres humanos del mundo entero tienen la curiosaidea de que deberían comportarse de una cierta manera, y no puedenlibrarse de ella.Segundo, que de hecho no se comportan de esa manera. Conocen laley de la naturaleza, y la infringen.Estos dos hechos son el fundamento de todas las ideas claras acercade nosotros mismos y del universo en que vivimos(C. S. Lewis, MeroCristianismo, Rialp, Madrid 1995, p. 26)1) IntroducciónEn una novela sueca, comenta un policía que se queja del aumentode la violencia: «Este país ha cambiado. Se ha cruzado una fronterainvisible y, en consecuencia, generaciones enteras de jóvenes searriesgan ahora a perder el norte, puesto que nadie les enseña adistinguir el bien del mal. De hecho, ya no existe ni lo bueno ni lomalo. Todos invocan sus propios intereses»1. En efecto, reflexionarsobre la moralidad de nuestras acciones tiene especial importancia ennuestros días. Vivimos inmersos en un mundo relativista que haperdido de vista los puntos de referencia objetivos de la moral. En un
  2. 2. descanso durante una excursión por los Pirineos, debido a lascaracterísticas acústicas del lugar, no pude dejar de oír unaconversación a cierta distancia entre un hombre y su hija de unoscinco años. Resultaba muy molesto que aquel hombre intercalaracontinuamente diversas blasfemias en su conversación y difamase apersonas ausentes, sin percatarse del mal ejemplo que estaba dandoa su hija. En un momento dado, la hija -cansada ya de cantar y bailarel A-se-re-je- dijo: «Aita, voy a ver si cojo algún renacuajo».Entonces, su padre, inspirado por un súbito sentido moral ypedagógico, le respondió: «No, hija mía, ni se te ocurra hacer daño alos pobres animales; ¡ni tocar!». No le importaba ofender a Dios y asus semejantes pero, quizá influído por tras tantas tertulias en laradio o televisión políticamente correctas, lo poco claro que tenía eraque a los animales había que dejarles tranquilos.Como afirma Benedicto XVI, «la gran enfermedad de nuestro tiempoes su déficit de verdad. El éxito, el resultado, le ha quitado laprimacía en todas partes» ;2. Por falta de puntos de referenciaobjetivos y en nombre de una mal entendida tolerancia, predominahoy en día una Ética relativista. Que algo sea moralmente admisible oreprobable depende de la opinión de la mayoría. Los valores éticos seconvierten en moneda de cambio entre partidos políticos. A veces,incluso, se defienden actos abominables -como, por ejemplo,experimentos que conllevan la destrucción de vidas humanas-alegando presuntas razones de tipo humanitario, cuando lasverdaderas razones subyacentes tienen que ver con intereseseconómicos. En esta situación, muchos confunden legalidad conmoralidad. Pero que una acción esté permitida por las leyes de unpaís no significa necesariamente que esa acción sea moralmenteadmisible.Vale la pena hacer esta reflexión moral, porque nos será más fácildecidirnos a hacer el bien si entendemos que vale la pena. Según laIglesia Católica, con la sola razón se puede demostrar la existencia deun código ético universal. A lo largo de estas sesiones,reflexionaremos sobre el modo de discernir entre lo que en inglésllaman right or wrong. En esta primera sesión, estudiaremos algunosfundamentos de la Ética (Ética fundamental); veremos en concreto,cómo conjugar lo objetivo (la verdad) con lo subjetivo (la libertad).En las otras sesiones, discurriremos sobre algunos aspectos concretosdel obrar moral ligados al matrimonio (Ética aplicada).Dividiremos esta primera sesión en dos partes. En la primera,ahondaremos en la existencia de una verdad moral objetiva (leynatural); intentaremos mostrar que lo que está bien o mal, desde elpunto de vista moral, no depende de la cultura o de acuerdosdemocráticos pero arbitrarios, sino que tiene un fundamento objetivo
  3. 3. válido para personas de toda época, raza y cultura. En la segundaparte, veremos que la moralidad no tiene sólo que ver con elementosobjetivos (verdad y ley), sino también con aspectos subjetivos(libertad y conciencia).2) ¿Existe una verdad moral objetiva?La fundamentación de la moral en la naturaleza humana¿Cómo saber a priori lo que está bien y lo que está mal? Si la leymoral fuera el producto de una convención política, no tendría fuerzapara obligar en conciencia. Si no existe una moral objetiva, de modoque cada uno es libre de seguir sus propias ideas al respecto ¿conqué derecho podríamos afirmar que Hitler, Stalin o Milósevic secomportaron de modo reprobable? Si nuestras ideas morales puedenser más verdaderas, y las de los nazis menos verdaderas, debe dehaber una especie de Moral objetiva que está por encima de lasopiniones particulares: una ley de la naturaleza que, aunque no larespetemos, mide nuestras acciones, una verdad moral con la quenuestras acciones se adecuan o no. Si, tras no pocos esfuerzos,hemos abolido la esclavitud, no ha sido porque la mayoría hayaimpuesto su opinión, sino porque estamos convencidos de que laesclavitud fue, es y será siempre contraria a la verdad moral, esdecir, contraria a la dignidad humana y, por tanto, inhumana. Losabolicionistas no lucharon por imponer una mera opinión, sino que lohicieron convencidos de que la esclavitud era, es y seráesencialmente inhumana.A lo largo de la historia, la ley natural ha sido la única tentativa queha tenido éxito a la hora de fundamentar una moral válida para todoslos hombres de toda época, raza y cultura. Ha habido otros intentos -como el de Kant o el de Scheler-, pero al no anclarse del todo en laobjetiva naturaleza de las cosas, no consiguieron fundamentar unamoral universal. En la filosofía de los últimos siglos, se empezódudando de nuestra capacidad de conocer la realidad y se terminóponiendo en duda la existencia misma de esas realidades, como lanaturaleza de las cosas, que no se perciben con los sentidos sino conel intelecto. Pero esas realidades metaempíricas existen. Del mismomodo que, lo queramos o no, existe la ley de la gravitación universal,existe también, en el ámbito moral, la ley natural. Cuando uncientífico investiga la realidad física o el funcionamiento fisiológico delcuerpo humano, sabe que hay una verdad que él intentará descubrir.Del mismo, al preguntarnos qué acciones humanas son buenas,neutras o malas, no estamos ante algo arbitrario: sabemos que existeuna verdad por descubrir y que nuestras opiniones estánnecesariamente medidas por esa verdad.
  4. 4. La existencia de la ley natural es un hecho corroborado por la historiade la humanidad. En efecto, observamos que los hombres de todaslas épocas han dado por sentado que existe un código ético porencima de las opiniones individuales. Nadie duda los principiosbásicos de la moral, como la obligación de hacer el bien y de evitar elmal, de no atentar contra el inocente, y de comportarse con losdemás como quisiéramos que ellos se comporten con nosotrosmismos. Ciertamente, encontramos discrepancias entre las diversasculturas en cuanto a otros preceptos morales menos evidentes, yasea por ignorancia o por falta de honestidad, pero de lo esencialnadie duda. En los puntos esenciales, todos sabemos cómodeberíamos comportarnos, aunque, a veces, no lo reconozcamos. Yen cuanto a preceptos menos elementales, si fuéramossuficientemente inteligentes y honestos, llegaríamos a las mismasconclusiones.Un estudio antropológico de las diversas culturas confirmaría laexistencia de la ley natural. «Sé que algunos -afirma Lewis- dicen quela idea de la ley de la naturaleza o del comportamiento decenteconocida por todos los hombres no se sostiene, dado que lasdiferentes civilizaciones y épocas han tenido pautas moralesdiferentes. Pero eso no es verdad. Ha habido diferencias entre pautasmorales, pero éstas no han llegado a ser tantas que constituyan unadiferencia total. Si alguien toma el trabajo de comparar lasenseñanzas morales de, digamos, los antiguos egipcios, babilonios,hindúes, chinos, griegos o romanos, lo que realmente le llamará laatención es lo parecidas que son entre sí y a las nuestras. [...]Piénsese en un país en el que la gente fuese admirada por huir en labatalla, o en el que un hombre se sintiera orgulloso de traicionar atoda la gente que ha sido más bondadosa con él. Lo mismo daríaimaginar un país en el que dos y dos sumaran cinco. Los hombreshan disentido en cuanto a sobre quiénes ha de recaer nuestragenerosidad -la propia familia, o los compatriotas o todo el mundo-.Pero siempre han estado de acuerdo en que no debería ser uno elprimero. El egoísmo nunca ha sido admirado. Los hombres handisentido sobre si se deberían tener una o varias esposas. Perosiempre han estado de acuerdo en que no se debe tomar a cualquiermujer que se desee»3.¿En qué consiste la ley natural? El nombre como tal se presta aequívoco, puesto que natural no es lo contrario a artificial. Lanaturaleza humana no es sólo biológica. No comer cuando se tienehambre, pudiéndolo hacer, es algo antinatural y, sin embargo,cuando se hace por una razón superior, constituye una acciónmoralmente meritoria. Más que antinatural habría que decir que unamala acción es inhumana. La naturaleza humana no es sólo animal,sino también espiritual. Cada uno, según su comportamiento, se
  5. 5. animaliza o se espiritualiza. Hacerse más espiritual conlleva poner laspasiones al servicio de algo superior.Conviene también recordar que el término naturaleza no significaalgo estático, sino dinámico. Se trata de un plan preestablecido quese dirige a la consecución de un fin último. El objetivo final impresoen nuestra naturaleza consiste en ser felices amando. Nos realizamosen la medida en que aprendemos a amar verdadera y libremente aDios y a nuestros semejantes. La moralidad de nuestras accionesdepende de su vinculación con ese fin último. Una acción seráconsiderada buena, mala o neutra según nos acerque, nos aleje o noafecte a la consecución de ese fin último.La ética no es, pues , algo negativo: una serie de reglas que limitanmi libertad. Se trata más bien del arte de vivir. Según cómoevolucionemos, nos hacemos o nos deshacemos. En el caso ideal, seda una perfecta integración de las diversas potencias espirituales yafectivas. La virtud congrega, el vicio disgrega. El hombre seperfecciona y es feliz en la medida en que integra todos sus recursoscon el fin de amar cada vez más y mejor. Si lo logra, vive en armoníacon Dios, consigo mismo y con los demás. El desamor, en cambio,como afirma Juan Pablo, «aleja al hombre de Dios, lo aleja de símismo y de los demás»4.Como al comprar un electrodoméstico, se podría decir que nuestranaturaleza nos presenta un libro de instrucciones para el usuario.Cuanto mejor sigue uno esas instrucciones, más se perfecciona ymayor es la unidad entre todos sus recursos. En cambio, quebrantarlas instrucciones resulta dañino, pues conlleva una progresivadisgregación de las diversas esferas. La recta vida moral consiste enandar por el buen camino y, eventualmente, en desandar el caminoequivocado, poniendo orden en el desbarajuste interior que hancausado nuestros errores. Y no se trata de rectificar únicamente actospuntuales. Es preciso corregir también orientaciones y actitudes defondo egocéntricas.Sería una pena malgastar nuestras energías persiguiendo fines queno nos hacen mejores. «Hay quienes trabajan duramente a lo largode muchos años por conseguir algo que, en realidad, les estádestruyendo como personas. Es patético pero frecuentísimo» 5.Las reticencias contra la ley naturalHablar de la ley natural no está de moda. Es como un tabú. Recuerdouna entrevista con un catedrático católico acomplejado; en cuantosus argumentos le llevaban a postular la ley natural, la rechazaba demodo espasmódico. Decía que observaba en todos los hombres ciertoinstinto moral: «La biología evolutiva nos enseña que tenemos unatendencia genética hacia la ética, se diría que estamos impelidos a
  6. 6. ella por naturaleza. Ninguna especie animal tiene un lenguaje, unacapacidad de abstracción y una posibilidad de prever diversos tiposde comportamiento». Y se apresuraba a añadir: «Pero el contenido delas normas morales no tiene nada que ver con esa tendenciagenética. Eso es una cuestión de cultura. Una cuestión de consenso.No veo que se pueda llegar a una moral universal. La moral no sepuede derivar de la naturaleza». En los confusos años setenta, tuveen la universidad un profesor de ética parecido. Era sacerdote y seempeñaba en demostrar que no existía la ley natural: que tododependía de la cultura.Argumentaba diciendo que en Europa, para saludar a alguien, se letiende una mano, mientras que en Japón lo correcto es hacer unainclinación de cabeza. Esos argumentos me parecían muy flojos. Esevidente que en Europa y en Japón la cultura dictamina que la gentese salude de manera diferente, eso es accidental, pero tanto allí comoaquí la moral indica que tenemos que ser acogedores, que nopodemos quedarnos en formalismos externos: que debemos evitar lahipocresía comportándonos de modo auténtico.¿Por qué hay tantas reticencias a la hora de admitir que existe la leynatural? ¿Qué razones de fondo existen para atacar la ley natural aunconociéndola? Pienso que esto tiene que ver con una falta dehonestidad más o menos consciente. Por una parte, si existe una leymoral objetiva, hay quienes se sienten coaccionados en su libertad,porque si no se sujetan a esa ley, se les puede reprochar uncomportamiento inmoral. Observo que nunca ha habido tantascríticas a la ley natural como tras la publicación, en 1968, de laEncíclica Humanae vitae acerca de la moral matrimonial. Por otraparte, detrás de una ley que nosotros no hemos creado, debe haberAlguien que lo haya hecho. En efecto, si esa ley está ahí, la siguientepregunta que uno se hace es: ¿Y quién es el artífice de esa ley? Larespuesta es sencilla: el mismo que ha creado el mundo.En efecto, la ley natural forma parte de un ordenamiento mucho másamplio que se llama la ley eterna. Todo el universo ha sido creadoconforme a una ratio, desde las leyes que rigen los movimientos delos astros hasta las leyes fisiológicas que regulan la vida animal. Dioscrea el mundo siguiendo un plan y la ley natural es precisamente laparte de ese plan que concierne al hombre. Es una ley no promulgadasolemnemente, pero que está ahí. Además, los principiosfundamentales de esa ley moral están inscritos en la conciencia decada hombre.Dado que esos principios se pueden oscurecer por falta de honestidadpersonal o por vivir en una cultura que los silencia, Dios nos haechado una mano revelándolos positivamente. Tenemos, ante todo,los Diez Mandamientos revelados a Moisés. Por ser un buen
  7. 7. compendio de la ley natural, tienen una validez universal. Esospreceptos morales no dicen nada que no pudiéramos descubrir pornosotros mismos, pero revelándolos se asegura que todos loshombres puedan conocerlos sin error. Más tarde, Jesucristo revelónuevos y más profundos preceptos dirigidos a los cristianos; parapoder cumplirlos, nos obtiene en la Cruz una ayuda decisiva: lagracia. En última instancia, si algo no estuviera claro, los católicoscontamos con el Magisterio de la Iglesia a través del cual nos hablaCristo mismo. De la ética, pasamos, pues, a la Teología Moral.Esta ética cristiana comprende toda la ley natural, pero nos llevamucho más lejos. Las Bienaventuranzas, por ejemplo, son unverdadero programa moral que incluye y sublima los Mandamientos.Son como un retrato de Jesús y constituyen todo un modelo deconducta. Las Bienaventuranzas suprimen cualquier frontera en elamor al prójimo. Así, se nos manda amar a los enemigos, lo cualsupera la antigua ley del talión. Cada Mandamiento es llevado máslejos. El quinto ya no consiste sólo en “no matar”, sino también en“no irritarse” ni “insultar” al prójimo.Es lógico que la ética cristiana vaya mucho más lejos que la leynatural, puesto que toda ética depende de una antropología, es decir,que la conducta que se proponga al ser humano depende de la ideaque se tenga de él. Es lógico que no se espere lo mismo de unhombre que sólo conozca la declaración universal de los derechoshumanos, que de un hombre que se sabe creado por Dios a suimagen y semejanza y que, por el bautismo, ha sido hecho hijo deDios, partícipe de la naturaleza divina y llamado a la santidad, esdecir, a vivir la vida misma de Cristo. Como afirma Juan Pablo II,«seguir a Cristo es el fundamento esencial y original de la moralcristiana... No se trata sólo de escuchar una enseñanza y de cumplirunos mandamientos, sino de algo mucho más radical: adherirse a lapersona misma de Jesús, compartir su vida y su destino»6.A esta ley promulgada por Cristo se le llama ley divino-positiva. Porúltimo, para terminar con el elenco de leyes, en un contexto civil oeclesiástico, tenemos las leyes promulgadas por los hombres. Éstasobligan en conciencia en la medida en que son leyes justas, esto es,en la medida en que concretan la ley natural (leyes civiles) o de la leydivino-positiva (leyes eclesiásticas). En total existen, pues, cuatrotipos de ley: eterna, natural, divino-positiva y humana.Relaciones entre Moral autónoma y Ética cristianaPuesto que postular la existencia de la ley natural conllevapreguntarse por el Autor de esa ley, ¿significa eso que no es posibleseparar ética y religión, moral autónoma y ética cristiana? En teoríapodemos situarnos en un ámbito laico, poniendo entre paréntesis el
  8. 8. Autor de la ley natural. Cabría una ética no religiosa sobre la base deuna concepción racional de la dignidad de la persona humana. Esto esasí porque la ley moral es una verdad que está inscrita en nuestranaturaleza y que podemos descubrir con nuestra inteligencia. Yadijimos que todos llegaríamos a las mismas conclusiones éticas sitodos fuésemos suficientemente inteligentes y honestos. Además,este enfoque nos permite a los cristianos dialogar abiertamente conconciudadanos no creyentes. Así no nos pueden decir si, por ejemplo,rechazamos el aborto, que les estamos imponiendo nuestra religión.La primera razón que me lleva rechazar el aborto es de naturalezahumana. Estoy convencido de que matar a una persona indefensa einocente es esencialmente inmoral, es decir, injusto e inhumano. Almismo tiempo, como católico, sé además que se trata de una granofensa a Dios y que no me equivoco puesto que la Revelación me loconfirma.En el sentido expuesto, es posible, por tanto, una moral autónoma.En la práctica, sin embargo, se observa que cuando se pone entreparéntesis al Autor de la naturaleza, se pierde gran parte de laobligatoriedad de la moral y se corre el riesgo de terminarrelativizando también la objetividad de la ley natural. Sin recurrir aDios, es difícil fundamentar valores universales válidos para todos lospueblos y que todos se sientan obligados a practicarlos. Es, en efecto,lo que ha sucedido en la historia de los últimos siglos. En el sigloXVIII, en la época de la Ilustración, se puso a Dios entre paréntesis,pero se aceptaba la ley natural como fuente primaria del derecho(iusnatutalismo). Sin embargo, eso propició la posterior evoluciónrelativista. Al no fundamentar la naturaleza en Dios, se intentó buscarotros fundamentos. El materialismo dialéctico de los marxistaspropuso a la Historia como punto de referencia superior. A la larga, laHistoria, no se sabe cómo, velaría por el acierto de los postuladoséticos. Y en nombre de la Historia se cometieron todo tipo deatrocidades. También el nazismo intentó separar la moral de lareligión, con los consabidos resultados. Se apoyaron en laConstitución de Weimar, de corte relativista, y llegaron a lo peor.Como afirmó Pío XII, testigo de los horrores nazis, «cuandotemerariamente se niega a Dios, todo principio de moralidad quedavacilando y perece, la voz de la naturaleza calla o al menos sedebilita paulatinamente»7. No pocas veces, el ateísmo ha sidoresponsable de la impiedad para con el hombre. Ya lo decíaChesterton: «Quitad lo sobrenatural, lo único que quedará es lo nonatural». No sólo porque desaparecen los puntos de referencia, sinotambién porque, sin la ayuda de la gracia, nuestra naturaleza,dañada por el pecado, se animaliza, tanto a nivel personal comosocial.¿Por qué «si se niega a Dios, los preceptos morales se desintegranpor completo»8? Pienso que se debe a nuestra debilidad. Una persona
  9. 9. lista y honesta puede conocer la ley natural, pero si no hay ningunaautoridad clara que la respalde, encuentra fácilmente razones paraescabullirse. En primer lugar, el autoengaño es más fácil porque unopuede pensar que se trata de preceptos inventados por los hombresque a él no le obligan. En segundo lugar, cuando se deja a Dios delado por mala voluntad, se facilita el autoengaño porque esa maliciaofusca a la inteligencia.La mala voluntad a la hora de negar a Dios es muy comprensible enla lógica del orgullo: si acepto que Dios es el Autor de la ley natural,mis errores morales se convierten en pecados y sé que le tendré querendir cuentas. Los católicos, gracias a la sincera confesión denuestros pecados ante un Padre misericordioso, podemos asumir laverdad de nuestra miseria. Pero es comprensible que quienes noconozcan el modo de lavar sus culpas -o, por soberbia, ni siquiera lasreconozcan-, tiendan a defender una ética a la medida de su miseriamoral. Sea como fuere, si se elimina dolosamente al Autor de la obra,se corre el peligro de malinterpretar la obra misma.3) La libertad y la concienciaIntroducciónHemos visto que existe una verdad moral universal y que, si se olvidao se niega esa realidad, la sociedad se rige por un relativismo éticoen el que ya nadie puede sentirse seguro puesto que es posiblevulnerar inpunemente los derechos humanos. Veamos ahora otra delas razones que contribuyen a la actual desorientación moral: otorgara la libertad una primacía absoluta. Baste un ejemplo. Hace poco leíen un periódico que en California habían prohibido la pornografíainfantil, pero que poco después los jueces la habían aprobado con lacondición de que los niños que salen en ese material no fuesen realessino virtuales, es decir, que fueran imágenes compuestas de mododigital. Con tal de no coartar la libertad de los adultos, mientras no seempleasen niños de verdad, daban el visto bueno a un producto que,objetivamente, fomenta la pederastia. No hay que ir hasta Californiapara encontrar ejemplos. Acabo de leer en un Suplemento Dominicalun artículo sobre mujeres españolas que han decidido ser madressolteras. Para satisfacer su instinto maternal, necesitan un hijo, pocoimporta si es a través de adopción o de inseminación artificial. Enausencia de valores objetivos, cuando sólo cuenta la libertad deelección, si algo es técnicamente posible, entonces uno tiene el“derecho” de reclamarlo...Hoy en día está de moda pronunciarse en favor de las libertades. Esoestá muy bien, pero nunca veremos que la gente salga a la calle paradefender las verdades. Hubo un tiempo en que, por desgracia, sedefendía la verdad a costa de la legítima libertad. Actualmente, en
  10. 10. cambio, asistimos a una defensa de la libertad a costa de la legítimaverdad. Para evitar ambos excesos, veamos el modo de conjugaresos dos elementos que están presentes en toda realidad humana.Pienso que el mayor mérito de la Encíclica que escribió Juan Pablo IIsobre la moral (Veritatis splendor) consiste en haber puesto demanifiesto que no hay incompatibilidades entre verdad y libertad,esto es, que ambas, bien entendidas, se necesitan mutuamente: laverdad lleva a respetar la libertad y la libertad hunde sus raíces en laverdad. Ninguna de las dos constituye un fin en sí mismo. Ambas sonigualmente importantes y se articulan en orden a una realidadsuperior: el amor. Ya desde su primera encíclica (Redemptorhominis), Juan Pablo II recalcó que la esencia del humanismocristiano consiste en el amor vivido en libertad y en la libertad sujetaa la verdad9.Verdad, libertad: realidades interdependientesNo hay verdad sin libertad, ni libertad sin verdad. Ambas deben irsiempre juntas; la falta de una de ellas se presta a tiranía o alibertinaje: la verdad sin respeto de la libertad ajena conduce a latiranía, y la libertad sin verdad degenera en libertinaje. Por un lado,la verdad moral conlleva el deber de respetar la legítima libertadajena. La libertad forma parte de la esencia de la verdad. Quien no larespete, atenta contra la caridad. Edith Stein decía: «No aceptéisnada como verdad si carece de amor. ¡Y no aceptéis nada como amorque no tenga verdad!»10. Por otro lado, sin la verdad como brújula, lalibertad, a la larga, se autodestruye. Como afirmó Juan Pablo II ensede neutra -en su discurso ante la ONU del 4 de octubre de 1995-,«lejos de limitar la libertad o amenazarla, la verdad de la personahumana... es, de hecho, la garantía de futuro de la libertad» 11. Laexperiencia muestra que los atentados contra la verdad, cuando seconvierten en vicios, terminan por destruir el libre albedrío. Así, unapersona habitualmente sobria es mucho más libre que quien, a fuerzade emplear mal su libertad abusando de la bebida, se hace alcohólico.El libertinaje puede llevar a nuevas formas de tiranía. Cuandodesaparecen los legítimos dictados de la verdad, se acaba imponiendolos ilegítimos dictados de lo políticamente correcto. La libertadnecesita una brújula que la oriente: la verdad. Si en nombre de unamal entendida tolerancia se niegan los imperativos de la verdad, secrea un clima permisivo en el que impera la opinión del máspoderoso. Hace poco leí que en algún lugar de Japón se prohíbefumar en la calle. Permiten el aborto, pero si te pillan fumando uncigarrillo, te cae una multa de cien euros...El escepticismo racionalista -y la consiguiente crisis de la metafísica-en el pensamiento moderno han llevado a postular la libertad como
  11. 11. valor absoluto. Pero la libertad, desligada de la verdad, se vacía decontenido. Uno se comporta entonces como si fuera Dios: como unser absoluto, esto es, desligado de todo. Ya vimos que la soberbialleva al hombre a desligarse de la Suprema Verdad que es Dios, traslo cual necesita liberarse de ese vestigio de la Verdad que es la leynatural. Como afirma un filósofo, «faltándole un fundamentotrascendente, la libertad se ha constituido en objeto y fin de símisma: se ha convertido en una libertad vacía, en una libertad de lalibertad, ley de sí misma porque es libertad sin más ley que laexplosión de los instintos o la tiranía de la razón absoluta, que serevela después como capricho del tirano»12. Si estudias a Hegel, teexplicas por qué tanto Hitler como Stalin fueron posibles. Laafirmación unilateral de la libertad en el siglo XIX, ha dado lugar a lospeores totalitarismos en el siglo XX.Nuestra época necesita redescubrir la verdadera esencia de lalibertad. Libertad no significa sólo libre arbitrio. Es sobre todocapacidad de autodeterminación, en el caso ideal hacia el verdaderobien. Y es que la libertad no es autosuficiente: necesita una guía, quees la verdad. Desligando la libertad de la verdad, se crea unlibertinaje que destruye toda moral. Quienes postulan la libertadcomo valor absoluto, piensan que todo precepto moral ya es unatentado contra su libertad. Si se les recuerda que se tendrían quecomportar de un modo determinado, piensan que se coarta sulibertad. Según ellos, libertad significa indeterminación, como quiensólo se sintiera libre si tuviese que escoger entre dos vasos de aguaperfectamente idénticos. Eso no es libertad. Libertad es tener sed yelegir el vaso que contenga la mejor bebida. La libertad está para serempleada, no para guardarla a buen recaudo. La libertad se ejercitahaciendo una elección: aceptando un bien que nos atrae orechazando un mal. Y, como ya vimos, la bondad o maldad moral deun objeto o de una acción es algo objetivo: no depende de gustospersonales.Por tanto, la brújula que necesita la libertad es la verdad moral (leynatural) y, en último término, la Verdad sobre el Amor de Dios quenos ha revelado Jesucristo. Sin esa Verdad, no podemos serplenamente libres. «Lo mejor sobre la libertad -decía André Frossard-es lo dicho por Santo Tomás de Aquino, que era un genio después detodo. Y según él la libertad consiste en permitirle al hombre no serdeterminado sino por Dios: si él lo desea, es decir, significa que elhombre escapa al determinismo de la naturaleza»13. Dios es fuentede libertad en muchos sentidos. En primer lugar, si Dios no existiese,estaríamos determinados por ciegas leyes de la naturaleza. Es mejortener a Alguien por encima, que estar sujeto a una especie de destinociego e inmisericorde. En segundo lugar, si no queremos vivir en eldesamor, puestos a entregarnos a alguien por amor, lo mejor esentregarse al mejor Amante. Como afirma San Josemaría Escrivá, «la
  12. 12. libertad adquiere su auténtico sentido cuando se ejercita en serviciode la verdad que rescata, cuando se gasta en buscar el Amor infinitode Dios, que nos desata de todas las servidumbres»14. La libertad mepermite entregarme por amor. Si no me entrego, me hago esclavo demí mismo. Si me entrego a mis semejantes, se podrían aprovecharde mí: me podrían esclavizar. Lo ideal es entregarme al Único que nome esclaviza, conformar mi voluntad con la Voluntad de Quien más ymejor me ama. Ya lo decía Kierkegaard: «La cosa enorme concedidaal hombre es la elección de la libertad. Si tú la quieres salvar yconservar no hay más que un camino: el de, en el mismo instante,absolutamente en el mismo instante, absolutamente en plenadedicación, entregarla a Dios y a ti mismo en ella» 15. Nada asegura ypreserva tanto la libertad del alma como el abandono filial delcristiano en su Padre Dios.Para entender por qué no se puede ser realmente libre sin la ayudade la gracia de Dios, es preciso hilar más fino. Ante todo, convienerecordar que libertad significa capacidad de autodeterminación haciael bien. Quizá hayamos experimentado momentos en los quequeremos portarnos bien, pero no podemos, no somos capaces. Escomo si una parte de nuestra voluntad lo quiere y la otra se resisteporque no lo quiere o no puede. En efecto, para vivir las virtudes, nobasta quererlo sin más, es preciso también poder querer, estarcapacitado para ello. Esa incapacidad de mover la propia voluntadhacia algo que cuesta proviene, en primera instancia, de maloshábitos contraídos que han debilitado la voluntad; la voluntad estáenferma y necesita ser curada. En última instancia, ese no poderquerer proviene de falta de amor; no se ama suficientemente el bienapetecido, lo cual engendra una falta de libertad. ¿Quién nos dará eseamor que nos hace capaces de querer lo más arduo? Según ladoctrina cristiana, Dios es Amor y sólo Él puede comunicárnosloplenamente. Es difícil de expresarlo con palabras, pero haymomentos en los que uno experimenta que incluso el querer le esdado. Sucede, por ejemplo, que uno intenta aceptar unacontradicción dolorosa o perdonar un agravio, y no lo consigue; depronto, un buen día, mientras reza, nota una fuerza misteriosa que lehace capaz de querer, de aceptar gustosamente, lo que antes eraincapaz de querer.Es muy aleccionador al respecto lo que cuenta San Agustín sobre losmeses que precedieron a su conversión. Quería dar el paso, pero lefaltaban fuerzas. He aquí parte de su relato: «El alma manda alcuerpo y le obedece; se manda el alma a sí misma y se resiste aobedecer. (...) El alma manda al alma que quiera, y, sin embargo, nosiendo distinta de sí misma, no obedece. ¿De dónde nace esamonstruosidad? ¿Por qué es así? Se manda el alma a sí misma querer-no se lo mandaría si no quisiera-, y, a pesar de todo, no hace lo quese manda a sí misma. Luego eso es que no quiere del todo, luego
  13. 13. también es que no se manda del todo; porque si se manda es porquequiere, y si no hace lo que se manda es porque no quiere (...). Nohay, pues, ninguna monstruosidad en querer en parte y en parte noquerer, sino que es debido a la debilidad del alma; cuando el alma eselevada por la verdad, no se levanta toda entera, porque estáoprimida por el peso de sus costumbres; hay en el alma como dosvoluntades (...). Cuando dudaba en decidirme a servir a Dios, cosaque me había ya propuesto hacía mucho tiempo, era yo el quequería, y yo era el que no quería, sólo yo. Pero, porque no quería deltodo ni del todo decía que no, por eso luchaba conmigo mismo y medestrozaba (...). Yo, interiormente, me decía: "¡Venga, ahora, ahora!"Y estaba casi a punto de pasar de la palabra a la obra, justo a puntode hacerlo; pero... no lo hacía»16. San Agustín pudo vencer esaresistencia porque la gracia divina, no sin su colaboración, le capacitópara ello. En efecto, como recuerda la doctrina católica, la graciaredentora de Cristo sana nuestra naturaleza herida por el pecado.Conciencia y ley moralHasta ahora hemos puesto el acento en los derechos de la verdad(ley moral). También la libertad tiene sus derechos. ¡Todo lo que sehable de libertad, bien entendida, es poco! En nuestra épocaencontramos desaciertos en el ámbito objetivo y aciertos en el camposubjetivo. Se ha dado un progresivo alejamiento de la verdadobjetiva, pero también es verdad que se han redescubiertoimportantes elementos subjetivos, como lo que Charles Taylor hallamado «el ideal moderno de la autenticidad». Antes no se ponía enduda la verdad, pero había mucha hipocresía.En ámbito moral, hablar de las prerrogativas de la libertad nos llevaal tema de la conciencia. Si entendemos correctamente la verdad y lalibertad, vemos que no hay contradicción posible entre los derechos ylos deberes de la ley moral y de la conciencia. Bien entendidas, esanorma objetiva y esa norma subjetiva de moralidad se refuerzanmutuamente. La conciencia, si está bien formada y la persona encuestión es honesta, es testigo de la ley natural en la intimidad decada sujeto. Por conciencia moral se entiende el «juicio de la razónpor el que la persona humana reconoce la cualidad moral de un actoconcreto que piensa hacer, está haciendo o ha hecho» 17. Todosexperimentamos esa voz interior que alienta o reprende.La norma moral es objetiva, pero cabe preguntarse en qué medida esobjetivable y por quién. La razón es capaz de conocer los principiosbásicos de la ley natural. Siendo Dios el único que no puede errar, laRevelación permite un conocimiento más profundo y seguro. No tienesentido pretender una libertad de conciencia en ámbitos en los que laverdad ya ha sido objetivada. No obstante, si se abusa de laracionalidad, se termina en casuísticas formalistas que encorsetan a
  14. 14. la vida. Hay que rechazar la libertad de conciencia y afirmar lalegítima libertad de las conciencias: nunca es lícito coaccionar a unaconciencia o substituirla en materias que, por ser estrictamentepersonales, pertenecen al fondo íntimo de cada persona. Ahí radica latolerancia bien entendida. Es un error grave permitir el aborto ennombre de la tolerancia, pero también lo sería imponer una religión ala fuerza. Por eso, es una obligación moral permitir a los musulmanesque construyan mezquitas en países mayoritariamente cristianos(aunque, en justicia, habría que exigir también lo contrario). LosEstados confesionales, contrarios al legítimo pluralismo, deberíanestar superados. Habría que educar tanto en la verdad, como en lalegítima tolerancia, para que cada uno pueda adherirse libremente ala verdad y para que su legítima conciencia sea respetada.Fomentando un clima de libertad responsable, cada uno podrá asentirinteriormente a lo que dictamina la ley natural objetiva y, encuestiones subjetivas, podrá seguir los imperativos de su conciencia.«Dejad siempre una gran libertad de espíritu a las almas -aconsejabaSan Josemaría Escrivá-. Pensad en lo que tantas veces os he dicho:"porque me da la gana", me parece la razón más sobrenatural detodas. La función del director espiritual es ayudar a que el almaquiera -a que le dé la gana- cumplir la Voluntad de Dios. No mandéis,aconsejad»18.La importancia de la conciencia se deriva de la existencia de ámbitosde actuación en los que, si bien la verdad es objetiva, corresponde alinteresado la tarea de objetivarla. En una vocación, por ejemplo, cabepedir consejo, pero, a fin de cuentas, sólo la persona en cuestiónpuede saber lo que Dios le pide. Hay que aprender, pues, a respetarese fondo íntimo que hay en cada persona, para que cada uno puedaser fiel no sólo a la verdad en general, sino también a la verdad sobresí mismo. En esa linea, traicionarse a sí mismo es también un modode traicionar la verdad.Además, por mucho que uno conozca los grandes principios de la leymoral, la vida es compleja y a veces sólo contamos con la intuición deconciencia para tomar la decisión correcta. En efecto, a veces sucedeque uno no tiene tiempo para examinar detenidamente una cuestiónmoral puesto que debe decidir de inmediato. Te ofrecen, por ejemplo,un contrato y te dicen: «lo tomas o lo dejas; si no te decidesinmediatamente, se lo ofrecemos a otro». Son momentos en los queuno tiene que ponerse en presencia de Dios y pedirle luz para poderactuar en conciencia.En efecto, según la doctrina católica, la conciencia es mucho más queun juicio de la inteligencia práctica: es una especie de sagrariointerior en donde resuena la Voz de Dios 19. De ahí su inalienabledignidad y la importancia de respetarla. Se entiende que Newman -uno de los grandes precursores de la dignidad de la conciencia-
  15. 15. afirmase que la recta conciencia es “infalible”, puesto que Dios, quehabla a través de ella, lo es. Afirmó incluso que esa conciencia es taninfalible como el Magisterio de la Iglesia: no podía haberdiscrepancias entre estas dos instancias, puesto que Dios habla através de ambas y no se puede contradecir. Evidentemente, eso escierto si el hombre es santo (plenamente honesto). Puesto quepodemos engañarnos a nosotros mismos, si se diese una discrepanciaentre la doctrina revelada y la propia conciencia, habría que concluirque es uno mismo quien se equivoca. No basta con confrontarnuestra opinión personal con la doctrina revelada: hay que conformarnuestra conciencia con lo explícitamente revelado por Dios. Es unagran suerte poder estar en comunicación directa con Dios a través dela conciencia, pero tenemos que ser realistas admitiendo que, a causade nuestra debilidad, nuestra conciencia es manipulable.De todos modos, insisto en que hay ámbitos personales en los quesólo el interesado puede decidir en conciencia. Tal es la dignidad de laconciencia que, de ser ésta invenciblemente errónea en algunacuestión, habría que seguir igualmente su dictamen. Si pienso quehoy es domingo y no asisto a Misa, peco, aunque en realidad sealunes. Newman cuenta que Dios le premió con el don de la fe católicapor su fidelidad al anglicanismo en los tiempos en que, por falta dedatos, estaba convencido de que ésa era la fe verdadera. También seentiende la responsabilidad que tienen los padres, pedagogos yconfesores a la hora de formar la conciencia de los demás, puestoque si hacen pensar a alguien que una acción es inmoral, cuando enrealidad no lo es, el interesado que no se atenga a su erróneo juicio,cometerá un pecado formal. Por el contrario, quien se comportainmoralmente pero con ignorancia inculpable, comete un pecadomaterial, esto es, no imputable.Por ser Dios quien habla a cada hombre en lo más íntimo de su alma,si éste le traiciona, se traiciona a sí mismo. Siendo Dios mismo quiense comunica a través de mi conciencia, nos compensa aprender aescucharle. Así, al orientar nuestra vida, tomaremos las mejoresdecisiones. De ahí la importancia de ejercitarnos en la oraciónmental, con el fin de aprender a percibir la Voz de Dios en laintimidad del alma. Hay que aprender a diferenciar la voz del yo(conciencia sicológica) de la Voz de Dios (verdadera conciencia).Tenemos una especia de radio interior en la que se captan dosemisiones diversas. La frecuencia divina es más difícil de sintonizarque la frecuencia del yo. Los mensajes de Dios suelen estar ligados ala más profunda paz interior.Materia, intención y circunstanciasUn ejemplo de cómo se articulan los elementos objetivos y subjetivosen el ámbito moral es el triple criterio a la hora de juzgar la bondad o
  16. 16. malicia de una acción. El juicio moral tiene que sopesarconjuntamente tres elementos: materia (la objetividad de la acciónque se realiza o se omite), intención (fin que persigue el sujeto alactuar) y circunstancias (o consecuencias que pueden atenuar oaumentar la responsabilidad del que obra). El objeto y el findeterminan la bondad o malicia de la acción. Las circunstanciaspueden agravar o disminuir su bondad o malicia, pero «no puedenhacer ni buena ni justa una acción que de suyo es mala»20. Alcontrario de lo que afirma una corriente ética que está de moda(circunstancialismo), hay actos intrínsecamente ilícitos, sean cualessean las circunstancias en las que se encuentra el sujeto. Así, unaborto siempre es reprobable, aunque la mujer, por haber sidoviolada, merezca toda nuestra comprensión. Ninguna circunstanciapuede legitimar el asesinato de una persona inocente.Según otras doctrinas erróneas denominadas teleológicas (“telos”, engriego, significa fin), la moralidad deriva del fin por el que se actúa.Dos de estas doctrinas son el consecuencialismo y elproporcionalismo. Según el consecuencialismo, el juicio moral derivade las consecuencias que se siguen de un determinado acto. Es unaespecie de maquiavelismo. Así, se podría investigar con embrioneshumanos para que otras personas obtengan ventajas terapéuticas.Sería, pues, legítimo matar a una persona inocente para ayudar aotras. El proporcionalismo es algo parecido: una acción sería buena omala según la proporción de bienes o de males que se consiguen.Todas las doctrinas erróneas tienen algo de verdad. Si no, notriunfarían. Así, algo diferente al proporcionalismo es el “voluntarioindirecto” o la llamada “acción con doble efecto”: una acción en símisma buena o neutra que se realiza con buenas intenciones y con elfin de obtener un efecto bueno, pero en el que se corre el riesgo deobtener un efecto malo indeseado. Aquí sí que habrá que tener encuenta la proporcionalidad, las posibilidades y gravedad de ambosefectos. Pongamos un ejemplo. Una mujer embarazada tiene uncáncer de útero que es urgente operar para salvar su vida, pero quepone en peligro la vida del niño. Para que la cirugía sea moralmentelícita, se deben cumplir cuatro condiciones: que la acción es buena oneutra (operar), que la intención sea buena (salvar a la madre, nomatar al niño), que el efecto indeseado no se siga automáticamente(posibilidad real de que no muera el niño) y proporcionalidad(posibilidades reales de éxito y sopesar los dos efectos). Se puedeoperar, con cierto riesgo para el niño, si se busca salvar la vida de lamadre, pero no para alargarle unos días la vida o por razonesestéticas.Frente a doctrinas teleológicas, la ley natural sostiene que el fin nojustifica los medios. Existen valores inviolables, como la dignidad detoda vida humana, que no se prestan a negociación. Algunos se
  17. 17. escandalizan cada vez que la Iglesia Católica recuerda la existenciade acciones intrínsecamente malas, así como la inmoralidad deperseguir fines buenos a través de medios intrínsecamente malos.Pero la experiencia confirma que cada vez que, con razonadassinrazones, se permite atentar contra la dignidad de cada vidahumana, se abre la puerta a todo tipo de injusticias. Nadie puedevivir tranquilo en una sociedad en la que no se respeta de modoincondicional la vida de cada ser humano, sea cual sea su salud,sexo, edad o raza.Por tanto, las circunstancias influyen en la gravedad o parvedad deuna acción, pero la bondad o malicia de esa acción dependen delobjeto elegido y del fin que se busca. Para que una acción sea buena,se precisa que la acción en sí misma sea buena y que la intención searecta. Así, una intención viciosa podría hacer inmoral una acción en símisma buena. Por ejemplo: dar limosna con el fin de vanagloriarse ode humillar a una persona. De hecho, a la hora de determinar elobjeto de una acción, también se tienen en cuenta elementossubjetivos. Por esa razón, se habla a propósito de objeto elegido,para no caer en otra doctrina errónea -el objetivismo ético- que juzgalas acciones sin tener para nada en cuenta al sujeto que las realiza.Como puntualiza Juan Pablo II, «la moralidad del acto humanodepende sobre todo y fundamentalmente del objeto elegidoracionalmente por la voluntad deliberada»; pero «para aprehender elobjeto de un acto, que lo especifica moralmente, hay que situarse enla perspectiva de la persona que actúa»21. No es lo mismo, porejemplo, una acción mecánica que, sin advertencia ni deliberación,produce un efecto malo, que una acción realizada a sabiendas con elfin de conseguir un efecto malo. Por tanto, cuando hablamos demateria, no nos referimos a la materialidad de la acción, sino a unobjeto elegido por una persona. Parece una pequeña diferencia, peroolvidar esa distinción ha dado lugar a no pocos quebraderos decabeza, especialmente en el ámbito de la ética sexual.Conviene, por último, recordar que, como afirma la moral cristiana,para cometer un pecado grave se deben dar tres condiciones:materia grave, plena advertencia y pleno consentimiento. Lo quehaga un sonámbulo no es imputable por falta de advertencia y deconsentimiento.--------------------1. H. Mankell, Pisando los talones, Tusquets, Barcelona 2004, p. 408.2. Benedicto XVI, Orar, Planeta, Barcelona 2008, p. 13.3. C. S. Lewis, Mero Cristianismo, o.c., pp. 23-24.4. Juan Pablo II, Dies Domini, n. 63.
  18. 18. 5. A. Llano, La vida lograda, Ariel, Barcelona 2002, p. 42.6. Juan Pablo II, Veritatis splendor, n. 19.7. Pío XII, Summi pontificatus, n. 21.8. Juan XXIII, Mater et Magistra, n. 208.9. Cfr. Juan Pablo II, Redemptor hominis, n. 12.10. Juan Pablo II, Homilía del 11 de octubre de 1998 en lacanonización de Edith Stein, n. 6.11. Juan Pablo II, Discurso ante la quincuagésima Asamblea Generalde la ONU, n. 12.12. C. Fabro, El temple de un Padre de la Iglesia, Rialp, Madrid 2002,p. 174.13. A. Frossard, entrevista de 1986 en J. Antúnez Aldunate, Crónicade ideas. En busca del rumbo perdido, Ed. Encuentro, Madrid 2001,p. 199.14. J. Escrivá, Amigos de Dios, n. 27.15. S. Kierkegaard, Papirer 1849-1850, X2 A 428; cfr. C. Fabro, Eltemple de un Padre de la Iglesia, o.c., p. 180.16. S. Agustín, Las Confesiones, octava edición, Palabra, Madrid1988, pp. 155-156.17. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1796.18. J. Escrivá, Carta del 8 de agosto de 1956, n. 38.19. Cfr. Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, n. 16.20. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1754.21. Juan Pablo II, Veritatis splendor, n. 78.----------------Comentarios al autor: P. Michel Esparzamichel.esparza@gmail.comComentarios al monitor del foro: Xavier Villaltaxvillalta@catholic.net
  19. 19. Participación en el foro:1) ¿Qué razones puedes aportar contra ese relativismo moral segúnel cual no existen verdades objetivas universalmente válidas?2) ¿Qué diferencia hay entre naturaleza y cultura?3) ¿Sería inmoral asesinar a una persona inocente si de ese modopudiéramos salvar a millones de personas?4) ¿Qué es la conciencia? ¿Por qué es tan importante respetar lalibertad de las conciencias?El enlace para participar en el foro de esta lecciónes:http://www.es.catholic.net/foro/viewtopic.php?f=252&t=20767Para ver las lecciones anteriores haz click Aquí

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