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Tema 8. razones contra el divorcio

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Tema 8. razones contra el divorcio

  1. 1. Tema 8. Razones contra el divorcioCurso en línea "Catequesis básica para padres"Autor: Michel Esparza | Fuente: http://sontushijos.orgMi más sincera enhorabuena por vuestros comentarios al tema 7. Ciertamente,siempre caben nuevos matices en esas cuestiones, especialmente a la hora de mirarcon mayor misericordia a quienes caen en las redes del hedonismo. Y es que elproblema detrás del egoísmo sexual no proviene sólo de esa "pasión desenfrenada quenos animaliza", sino que detrás de muchos de esos comportamientos existe también elanhelo de paliar la propia soledad. Aunque, tantas veces por ignorancia, lo hagan porcaminos equivocados, en el fondo, muchos están buscando el Amor de Dios...Me han gustado especialmente vuestras respuestas a la última pregunta (acerca de porqué no hay tan pocas mujeres que se rebelan ante las diversas manifestaciones deegoísmo sexual masculino). Con esas observaciones, se podría escribir todo un libro alrespecto.Felicito de modo especial a quienes han sabido ver que la mujer no es la únicabeneficiada de la doctrina de la Iglesia. En efecto, también los varones albergamosnobles sueños de amor verdadero. Y es precisamente para que esos sueños se puedanhacer realidad, que debemos aprender a vivir la templanza.El siguiente y último tema es un intento de fundamentar racionalmente laindisolubilidad del matrimonio. Pongo el acento en lo racional para dejar claro que loscristianos no queremos imponer nuestros valores religiosos en una sociedadlegítimamente pluralista. Lo hacemos ante todo como ciudadanos preocupados por eldaño que el divorcio está causando en tantos conciudadanos. En efecto, en el ámbitoético, el diálogo debe estar basado en la razón y en la voluntad de buscar honestamentela verdad.Con este tema 8 termina el curso. Quisiera agradeceros de veras vuestra participación,con una mención especial para quienes, desde Catholic.net, lo han hecho posible.Personalmente he aprendido muchísimo de vosotros (¿o tendría que decir "deustedes"?). Me ha alegrado especialmente vuestro vivo deseo de aprender. Es uninmenso placer para mí poder aportar un grano de arena en la evangelización depersonas tan hondamente motivadas...Espero contar con vuestra oración hasta que, al final del camino, nos podamosencontrar en el Cielo. Termino citando un texto que alguien puso en el foro, y queresume bien lo que muchos de nosotros hemos experimentado durante estas 8 semanas:"Gracias a todos y los felicito por hacer este curso, piensen y entiendan que cuando loshermanos de comunidad se unen, como en este curso, somos un tronco en donde nosfortalecemos unos con los otros; luego, cuando cada uno de nosotros regresa a sustareas habituales, nos convertimos en ramas, y cada rama debe dar frutos y enabundancia!!! Bendiciones!!! y si Dios quiere nos volveremos a encontrar..."P. Michel Esparza
  2. 2. 1) IntroducciónDurante siglos, el matrimonio ha sido la unión de “uno con una para siempre”. Siemprehan existido otro tipo de uniones, como el concubinato, más o menos toleradas, peroque se consideraban anormales. Todo empezó a cambiar cuando se legalizó el divorcio;en ese momento, se abandonó el “para siempre”. Últimamente se tiende incluso a abolirel “uno con una”.En nuestros días, quizá sea la Iglesia Católica la única que defiende incondicionalmentela indisolubilidad del vínculo matrimonial (esto es, que sólo la muerte puede disolver elvínculo que un hombre y una mujer han contraído válidamente). Pero hasta hace unosdecenios también el matrimonio civil era «hasta que la muerte nos separe» porque la leycivil se inspiraba en la ley natural. En efecto, la indisolubilidad matrimonial no es sólorequerida por la ley eclesiástica, sino también por la ley natural. Jesucristo elevó a ladignidad de sacramento una realidad natural preexistente.Para un cristiano, atentar contra dicha indisolubilidad supone un pecado, pero, según laética natural, el divorcio es un mal moral para todo ser humano.Si la indisolubilidad del matrimonio es una verdad de ética natural, tiene que seraccesible a toda persona honesta e inteligente. También un no-creyente tendría quepoder entenderla. En principio, la ética sólo prohíbe aquellos actos que pueden resultarperjudiciales para las personas. Me propongo, por tanto, argumentar de modo racionalpor qué el divorcio no compensa. Ardua tarea.Soy consciente de que se trata de una tentativa ambiciosa y difícil. De hecho, estamoshabituados a oír argumentos a favor del divorcio. Se defiende a menudo el divorcioalegando que toda persona tiene derecho a ser feliz, que tras la boda puede descubrirque se ha casado con la persona equivocada y tiene el derecho a rehacer su vida con otrapersona. La Iglesia es incluso tachada de inmisericorde por no avalar esa tesis. En unasociedad en la que cada vez se divorcia más gente, arrecian las críticas contra el Papacada vez que recuerda, por ejemplo, que una persona divorciada que se ha vuelto a casarpor lo civil no puede acercarse a la comunión.La indisolubilidad del matrimonio ha sido siempre, y no sólo en la actualidad, unacuestión controvertida. Ya hace veinte siglos, ni siquiera los judíos se atenían a ello.Dice Cristo que Moisés permitió a éstos ciertas excepciones a causa de su dureza decorazón. Tiene gracia la reacción de los apóstoles cuando Jesucristo les enseña que laindisolubilidad del matrimonio responde al plan original de Dios para con los hombres.Sus discípulos le dicen: «Si tal es la condición del hombre con respecto a su mujer, notrae cuenta casarse»1. Jesús admite que esta cuestión no es fácil de entender; haría faltaun don de lo alto para entenderlo, algo similar a lo que sucede con el celibato voluntarioen la Iglesia. Quizá por eso, algunos moralistas cristianos afirman que sólo convieneargumentar esta cuestión desde la fe. De todos modos, aun siendo conscientes de ladificultad que siempre ha tenido la defensa racional de la indisolubilidad delmatrimonio, al menos vamos a intentarlo.2) Una sola carneEl compromiso que adquieren los contrayentes es realmente espectacular. Acostumbro a
  3. 3. decirlo en la celebración de una boda. Los contrayentes prometen, ni más ni menos, queseguirán siendo fieles en todas las circunstancias, exceptuada la muerte. Ni laenfermedad, ni siquiera la infidelidad del otro cónyuge, puede hacer que dejen de sermarido y mujer.En efecto, como recuerdan los juristas expertos en Derecho Canónico, la indisolubilidaddel matrimonio se deriva de la naturaleza del vínculo matrimonial. El matrimonio es uncontrato por el que los contrayentes se convierten en una caro (una sola carne). Espreciso explicar a quienes se preparan para el matrimonio que, al casarse, se obliganlibremente a contraer un vínculo tan indisoluble como el que liga, por naturaleza, apadres e hijos. Del mismo modo que yo no puedo dejar de ser hijo de mi padre, tampocopuede una persona casada dejar de ser esposo o esposa del otro cónyuge vivo 2. En elfondo, es un contrasentido que una mujer, por ejemplo, se refiera a su esposo vivodiciendo: “mi ex-marido”, como es absurdo hablar de “mi ex-hijo” o de “mi ex-madre”.¿Y por qué tiene que ser el vínculo matrimonial de esa índole tan absoluta? Si loscontrayentes fueran conscientes de las consecuencias de su alianza, ¿querrían casarse?¿No sería mejor una especie de “matrimonio a prueba” para cubrirse la retirada en casode que algo no funcione? Algunos responden diciendo que traer hijos al mundo exige taltipo de compromiso. Por mucho que nos intenten convencer de que los hijos acabanacostumbrándose al divorcio de sus padres, todos sabemos algo sobre las heridas quesufren esos hijos. ¿Pero entonces, si no hay hijos, se puede aprobar el divorcio? Laverdad es que no sólo se trata de los hijos. El matrimonio tiene dos fines: la mutuaayuda entre los cónyuges y la procreación. Habría que mostrar que el divorcio no sóloes nocivo para los hijos, sino también para los propios cónyuges.Quizá conviene que analicemos el caso más difícil: los cónyuges llevan unos añoscasados, no tienen hijos y se quieren divorciar de mutuo acuerdo y en buenos términos.No están enfadados. No se han enamorado de otra persona. Simplemente han llegado ala conclusión de que son incompatibles y no ven que eso pueda cambiar en el futuro.Dicen: «Nos hemos equivocado». Es un caso muy hipotético: apenas se da en larealidad. Pero, si logramos resolver este caso extremo, pondremos las bases pararesolver otros dos casos más frecuentes y difíciles: aquel en el que la convivenciatermina por convertirse en un verdadero infierno para uno o para los dos cónyuges, yaquel en el que uno de los cónyuges no mantiene su palabra: traiciona y abandona alotro.3) Nadie y todo el mundo se equivocaDecir «nos hemos equivocado» es una verdad a medias. En todos los matrimonios hayproblemas. De cara a las posibilidades de éxito de un matrimonio, en lugar de poner elacento en la elección del cónyuge, ¿no estará la clave más bien en aprender a amar y acomunicar? La mitad de los problemas está ligada a una mala comunicación y la otramitad tiene que ver con falta de calidad del amor.A esos hipotéticos cónyuges que, sin tener hijos, quieren divorciarse de mutuo acuerdo,les diría que si no saben ser felices en esas circunstancias, es de temer que tampoco loserán cuando se vuelvan a casar con otra persona. Si no se entienden, pueden aprender aentenderse, y si lo que falla es la calidad de su amor, siempre están a tiempo deesforzarse por mejorarla. Posiblemente digan que se casaron estando enamorados, pero
  4. 4. que ahora ya no sienten gran cosa uno por otro. Quizá, como sucede con muchafrecuencia, identifican amor con pasión; no saben que el amor se construye sobre unabase de pasión pero que va más lejos. El amor verdadero es comparable a un edificio detres pisos -unión física, afectiva y espiritual- y ellos sólo se han fijado en los dosprimeros y han descuidado el tercero. El sexo y el sentimiento no pueden ser un fin en símismos. Cuando se hacen bien las cosas, lo físico (una sola carne) potencia lo afectivo(un solo corazón), y esto a su vez facilita lo espiritual (una sola alma). Pero cuando elegoísmo impregna la relación, se desatiende la unión espiritual y tanto la unión afectivacomo la unión corporal se deterioran. En el caso ideal, la unión sexual potencia lossentimientos, y éstos facilitan la capacidad de sacrificio. En el peor de los casos, larelación se deshumaniza: el cariño se convierte en moneda de cambio para obtenersatisfacción sexual.Un sofisma en una mezcla de verdad y de mentira (hacer demagogia a base de sofismassuele tener éxito porque en todo sofisma hay algo de verdad). En el caso que nos ocupa,es evidente que la elección del cónyuge puede ser más o menos acertada, que haypersonas con las que uno congenia mejor. Eso es tan evidente como decir que unaspersonas tienen mayor valía personal que otras. Es lógico, por tanto, que una personacasada pueda pensar que no tuvo mucha suerte al elegir. De todos modos, miexperiencia en pastoral matrimonial me dice que no es esa la cuestión principal.Siempre me viene al recuerdo lo que hace años me contó un francés. Se había casadocinco veces y al final había descubierto que la causa de sus fracasos matrimoniales noera -como siempre había pensado- la mala suerte en la elección de su mujer. Se diocuenta de que la causa principal de esos fracasos residía en él mismo: en su incapacidadpara vencer su egoísmo y amar de verdad. «Ahora -me decía- me doy cuenta de quehabría podido ser feliz con cada una de esas cinco mujeres».En el fondo, todo matrimonio exige construir un puente entre dos islas. No existen, deltodo, “almas gemelas”. Para empezar, varón y mujer siempre resultan ser más diferentesde lo que se pensaba. Además, cada uno tiene su propia historia personal, hábitos ysensibilidades. Ciertamente unas personas son más afines que otras. Siempre nos es másfácil llevarnos bien con una persona que se nos parece. El “puente” que hay queconstruir es más corto. Pero también eso es relativo. Muchas veces me he preguntado:¿qué es mejor: que los cónyuges sean afines o complementarios? Nada es ideal. En losdos casos veo ventajas y desventajas. Si son afines, se entienden mejor, pero losdefectos se multiplican. Por ejemplo, si ambos tienen tendencia a agobiarse, los agobiosse multiplican por dos. Si son complementarios, pueden aprender siempre uno de otro(así como complementarse a la hora de educar a sus hijos), pero, al ser tan diferentes,surgen entre ellos más problemas de comunicación.Tanto si los cónyuges son parecidos como si son diferentes, queda mucho trabajo porhacer. No se trata de un proceso automático, como si bastase con elegir bien al cónyugepara que todo vaya sobre ruedas. Un matrimonio siempre está evolucionando, haciamejor o hacia peor. Es como una planta delicada que exige todo tipo de cuidados. Si nose vigila, surgen serios problemas que habrían podido ser prevenidos ya que se han idoincubando durante largo tiempo. En todo matrimonio hay que salvar escollos de todotipo (problemas de egoísmo, de comunicación, penurias, disgustos...). Cuantos másescollos se superan, mayor es la felicidad. En una familia, hay abismos de felicidad y deinfelicidad...
  5. 5. Cuando surgen desavenencias, la tentación de abandonar la empresa es muy grande. Esmuy duro, por ejemplo, entrar en casa y sentirse como un extraño. Si no se ponen atiempo los medios para resolver la situación, tarde o temprano surge otra persona queaumenta la tentación y contribuye a precipitar la situación. Si el hombre descontentoencuentra una mujer atenta, comprensiva y dispuesta a ofrecer sus encantos, será muyduro para él recordar que su mujer está todo el día gritándole y que hace meses, si noaños, que no tienen relaciones matrimoniales. Lo mismo le sucede a la mujer que sesiente incomprendida e injustamente tratada por su marido, cuando cuenta susproblemas a un compañero de trabajo que se deshace en atenciones y le escucha coninfinita paciencia.En esas circunstancias, se da un error muy común: pensar enseguida que con otrapersona todo será muy diferente, olvidando que, en una relación de amor, los“preparativos del viaje” son los más fáciles. Todos los comienzos son alentadores, perosólo el tiempo dirá si ese amor incipiente ha ido adquiriendo raíces profundas. Elencantamiento que produce el enamoramiento reciente distorsiona la realidad. Todo seve de color azul. Pero la prueba de fuego viene después. Por eso pienso que si losactores de Hollywood -y los partidarios del amor sin compromiso- se suelen casar entretres y cinco veces, es porque a lo largo de una vida no tienen tiempo para hacerlo másveces...4) Querer, saber y poderAcerquémonos ahora al caso de esos matrimonios en los que la convivencia se haconvertido en un infierno. Cuando discurro sobre estos temas, me embarga lapreocupación de no ser suficientemente respetuoso, pues soy consciente de los abismosde infelicidad en los que pueden caer los esposos. Si asistir a la quiebra de unmatrimonio es quizá una de las circunstancias más dolorosas en la vida, ¿qué no serávivirla en primera persona? Ya el solo hecho de que personas que antaño se amaronintensamente constaten que su relación se ha enfriado, constituye un penoso desengaño.Un escritor inglés, Evelyn Vaugh, en su novela Retorno a Brideshead, describemagistralmente ese deterioro de una relación: «Yo había representado todas las escenasdel drama conyugal, había visto cómo las primeras rencillas se hacían cada vez másfrecuentes, cómo las lágrimas afectaban menos, cómo las reconciliaciones eran menosdulces, hasta que todo aquello engendraba un sentimiento de desapego y de críticaindiferencia, y la creciente convicción de que el culpable no era yo sino la amada.Percibía las discordancias de su voz y aprendí a escucharlas con recelo; capté laincomprensión tajante y resentida que se leía en sus ojos y el rictus obstinado y egoístade la comisura de sus labios. Le conocí de la misma manera que se conoce a la mujercon la que se ha compartido la casa, un día sí y otro también, durante tres años y medio;conocí sus hábitos de desaliño, descubrí lo rutinario y mecánico de sus encantos, suscelos y su egoísmo. El encantamiento había terminado y ahora la veía como a unaantipática desconocida con la que me había unido indisolublemente en un momento delocura»3.Al enfriamiento de los afectos, se pueden unir todo tipo de violencias. Cuando unopresencia la quiebra de un matrimonio, quizá se pregunte: ¿Cómo es posible que dospersonas que un día se quisieron tanto se torturen ahora de ese modo? En el fondo, seodian porque se siguen queriendo. A nivel meramente afectivo, amor y odio son elanverso y reverso de la misma moneda. «Quienes se pelean se desean», dice el refrán.
  6. 6. Bien lo entendió una mujer que, arrepentida tras su divorcio, afirmó: «Si hubiera sabidoque le quería tanto, le habría querido un poco más...».Si un matrimonio se desmorona, conviene también preguntarse: ¿Cómo se podría haberevitado? Es ciertamente una cuestión compleja. Ya he señalado que el éxito delmatrimonio depende de la capacidad de comunicar y de amar de verdad. Excede miactual propósito hacer un análisis del amor verdadero, esa mezcla de capacidad desacrificio (obras de entrega facilitadas por una gran capacidad afectiva), de libertadinterior, de desprendimiento y de rectitud de intención (propios de personas que hanmadurado humana y sobrenaturalmente). En términos más generales puedo decir que,en la raíz de todo mal moral, encontramos siempre tres posibles causas entremezcladas:mala voluntad (no querer), ignorancia (no saber), e incapacidad (no poder). Al revés,para amar de verdad, hacen falta tres cosas: idoneidad y gracia de Dios (poder), buenavoluntad (querer) y formación (saber).Un matrimonio no funciona si hay una incapacidad insuperable en uno de los cónyuges.Además de capacidad, se precisa buena voluntad y conocimiento de los medios paraaprender a amarse y a entenderse. En la práctica, rara vez se da sólo uno de los treselementos. Casi nunca es blanco o negro; suele ser más bien gris, una mezcla de los treselementos. De todos modos, de cara a buscar soluciones ante un fracaso matrimonial,podemos diseccionar el problema considerando los tres elementos por separado.Si existiese una incapacidad insuperable, ya existente en el momento en que se contrajomatrimonio, éste será nulo. Cuando se introduce un proceso canónico de nulidad, seinvestiga la posibilidad de que, cuando se casaron, faltara un requisito esencial de cara ala validez del contrato, por ejemplo una seria falta de libertad o de madurez psíquica deuno de los contrayentes. Hay personas divorciadas que se muestran reticentes a iniciardicha investigación, incluso si ya han atentado un nuevo matrimonio (civil). En elfondo, tienen un comprensible miedo a revivir las antiguas heridas. Conviene, sinembargo, animarles a hacerlo. No sólo por las posibilidades de regularizar su situaciónde cara a la Iglesia, a la sociedad y a su propia conciencia, sino también porque,ligándose a otra persona, están quebrantando la promesa más solemne que han hecho entoda su vida. Si son honestos, querrán saber si aquel primer vínculo fue válido o nulo.Si el problema es de ignorancia, habría que acudir a un buen asesor matrimonial -médico, psicólogo o sacerdote- capaz de ofrecer los consejos y las terapias pertinentes.El deterioro de un matrimonio siempre es paulatino. Cuanto antes se tomen medidas,mejor. Por desgracia, la gente suele pensar que no necesita formarse en este terreno,como si uno naciera sabiendo ya cómo se lleva bien una relación matrimonial. Si surgenproblemas, cierta soberbia -y un respetable pudor por no airear las desavenenciasmatrimoniales- les lleva a no pedir ayuda. Me ha llamado siempre la atención que,cuando uno propone organizar un cursillo de orientación conyugal, casi nadie se da porinteresado, como si el hecho procurarse una mayor formación en este ámbito tanimportante significase reconocer que las cosas no van bien. He visto tantas veces que uncónyuge afirma que todo va bien una semana antes de que el otro se presente en casacon una citación del abogado...Lo que más difícil solución tiene es falta de (buena) voluntad. Es éste un problema quesólo los interesados pueden remediar. Si no quieren, nada se puede hacer. Sin embargo,lo que prometieron solemnemente el día de su boda fue precisamente que,
  7. 7. independientemente de los problemas que encontrasen en el futuro, nunca tirarían latoalla; prometieron que siempre seguirían esforzándose por solucionar susdesavenencias...En conclusión, siempre existe una solución. Si hay incapacidad, se puede demostrar lanulidad del matrimonio. Si el deterioro de la convivencia se debe a un problema deignorancia y/ o de falta de voluntad, aunque la solución sea ardua, se puede ponerremedio. Si algo se ha torcido, se puede volver a enderezar. En la práctica, son pocos losque están dispuestos a luchar por enderezar lo que se torció. Quizá por lo mucho quehan sufrido. Hay que ser muy virtuoso para acometer esa empresa. Hablando conpersonas a punto de tirar la toalla, si les hablas, por ejemplo, del daño que causarán asus hijos si se divorcian, te suelen decir que éstos también sufrirán igualmente sicontinúa la convivencia. Es como si se obligasen a elegir entre dos posibilidadesnegativas, como si estuviesen atrapados por la fatalidad. Olvidan que, a la fatalidad,pueden contraponer la creatividad. Olvidan, en definitiva, que siempre existe una terceraposibilidad positiva: no darlo nunca por perdido, luchar para arreglar las desavenencias,aprender a entenderse y a amarse. Si en vez de pensar sólo en cómo dejar de sufrir ellosmismos, les preocupase realmente el bienestar de sus hijos, se esforzarían más porencontrar soluciones a sus problemas de convivencia.5) Cónyuge abandonadoLo más delicado del matrimonio es quizá que cada cónyuge depende plenamente de lavoluntad del otro. Uno está a la merced del otro. Si uno decide, por ejemplo, ser infiel,el otro está vendido. Esa es precisamente una de las razones por las que el vínculomatrimonial sea tan absoluto: es un modo de defender a cada contrayente ante la posiblefutura arbitrariedad del otro. Cada contrayente promete solemnemente que, pase lo quepase, no abandonará al otro. Para reforzar esa promesa, ambos saben que si, en el futuro,uno no la cumple, no se puede romper el vínculo. Suceda lo que suceda, seguirán siendomarido y mujer mientras vivan. Es posible que la situación se haga insostenible, hasta elpunto de que sea conveniente una separación temporal o definitiva, pero el vínculo queles une seguirá estando vigente.El carácter absoluto del vínculo matrimonial proporciona seguridad. Quizá por esarazón, en lugares donde la infidelidad y el divorcio se han disparado, surge un crecienteinterés hacia el matrimonio tal como lo entiende la Iglesia. Como decía un periodistafrancés, «el matrimonio es un oasis de seguridad en el desierto de los equívocos»4.Recuerdo un programa de televisión en el que se preguntaba a unos novios por quédeseaban casarse por la Iglesia. La novia respondió: «Mi novio ha sido sincero y me hacontado que ya ha salido con dieciséis chicas... Yo soy, por tanto, la número diecisiete...¿Quién me dice que soy la definitiva? Por eso queremos aferrarnos a algo estable...Tiene que haber algo absoluto en nuestro matrimonio».De todos modos, hay que reconocer que la indisolubilidad es un arma de doble filo. Poruna parte, protege ante las veleidades futuras, pero, por otra parte, observo dosinconvenientes. En primer lugar, entre católicos coherentes, sabiendo que el divorcioestá excluido, uno de los cónyuges podría dejar de esforzarse por combatir sus defectos;sabe que su esposo o esposa no le va a abandonar y se aprovecha. En segundo lugar, si apesar de haberlo prometido solemnemente, uno de los cónyuges no cumple su promesade fidelidad, deja muy desprotegido al cónyuge abandonado (más aún en nuestros días,
  8. 8. puesto que las leyes civiles tienden más a facilitar el divorcio que a proteger el vínculomatrimonial).Teniendo en cuenta esa desprotección, la indisolubilidad del vínculo puede parecerinjusta. ¿Por qué seguiría obligado a la fidelidad, por ejemplo, el cónyuge maltratado oabandonado? Ante todo, habría que responder diciendo que eso es precisamente lo queambos cónyuges pactaron al casarse: que ninguno de los dos, haga lo que haga en elfuturo, podrá romper el vínculo. Entonces, si de hecho hay gente que quebranta talespromesas, en cuyo caso el cónyuge abandonado queda en una situación lamentable,podemos preguntarnos de nuevo si realmente vale la pena prometer algo tan absoluto.¿No será todo esto un argumento a favor del divorcio? Sí y no. Se entiende que hayamoralistas que, en el caso de abandono que venimos considerando, hayan intentadointroducir la posibilidad de un segundo matrimonio. Dicen que se trata de un caso de“muerte moral” equiparable al caso de “muerte física”. Intentaré defender la tesiscontraria.La situación en la que queda el cónyuge abandonado es terriblemente injusta, peropienso que dicha injusticia no favorece sólo la tesis del divorcio, sino también la tesis dela indisolubilidad. En efecto, ese argumento divorcista tiene doble filo; se le puede darla vuelta: precisamente por la gran injusticia que padece el cónyuge abandonado, habríaque imponer legalmente la fidelidad. El divorcio siempre es un mal que hay que evitar atoda costa poniendo toda la carne en el asador. Casarse siempre es un riesgo, porque lalibertad siempre conlleva riesgos. Pero cuanto menos absoluto sea el vínculo contraído,mayor será el riesgo de que el matrimonio fracase. La experiencia muestra que hay másfracasos si, como sucede en el concubinato y en el actual matrimonio civil, se deja unapuerta abierta a una posterior ruptura del vínculo. En cambio, en el vínculo indisoluble,si el cónyuge tentado de quebrantar su promesa matrimonial recuerda que su infidelidadno exime al otro del deber de fidelidad, es muy posible que se lo piense dos veces antesde culminar su infidelidad. Si considera la gran faena que le va hacer al otro, es muyprobable que dé marcha atrás. Y si de hecho le abandona, su conciencia no se loperdonará jamás. Siempre me ha impresionado la diligencia con la que el cónyuge infielintenta que el cónyuge abandonado encuentre pareja. ¿No será para que no le remuerdatanto la conciencia? Y quienes hacen apología del divorcio o promueven leyesdivorcistas, ¿no será para dar carta de normalidad a sus desatinos?Sería ingenuo si no fuera consciente de que la fidelidad requiere a menudo grandessacrificios. Sé que hay situaciones muy dolorosas en las que no basta con tener buenavoluntad: se requiere, además, heroicidad (toda persona de buena voluntad puede contarcon la ayuda de Dios para ser heroico; los cristianos contamos, además, con mediossuficientes para ser santos, lo cual es mucho más que ser heroicos). Piénsese, porejemplo, en la desastrosa situación en la que queda un varón abandonado. Más aún si,como suele ser el caso, ni siquiera recibe la custodia de sus hijos. Si alguien no es capazde tal heroicidad, lo comprendo, aunque no lo apruebo. He conocido a personasadmirables que han sabido ser fieles a un cónyuge impresentable o enfermo. A vecespienso que no es una misión de poca monta el cuidar de un ser humano durante toda unavida con el fin de evitarle mayores males. Es una misión de altísima dignidad seguirsiendo fiel a un cónyuge que, de otro modo, terminaría sus días en una instituciónpsiquiátrica o borracho perdido...La misma admiración merece el cónyuge abandonado que evita nuevas relaciones.
  9. 9. Recuerdo el caso de una mujer que, tras la marcha de su marido, para no poner enpeligro su fidelidad, ni siquiera acudía a bailes al aire libre en las fiestas de su pueblo.Por lo demás, es bastante conocida la anécdota de una mujer francesa -casada y despuésabandonada por un famoso comunista-, que durante más de treinta años siguió siendofiel a su marido para no obstaculizar su posible regreso. Un día, ese hombre, que a suvez había sido abandonado, pasó cerca de la antigua casa familiar y se decidió a entrarpara saludar a su primera mujer. Le sorprendió la alegría con que ella le recibía, pero,viendo que la mesa estaba preparada para dos personas, hizo ademán de marcharse.«Quédate por favor a comer -le dijo ella-: llevo más de treinta años preparando todos losdías para ti un plato de más».6) La importancia del clima socialEl deber de fidelidad por parte del cónyuge abandonado no es sólo hacia el cónyugeinfiel, sino también hacia todos los demás matrimonios. Siendo fiel en el propiomatrimonio, especialmente cuando surgen dificultades, se está apoyando a todos losdemás matrimonios del entorno. Al revés, cuando alguien tira la toalla, de algún modoestá perjudicando a todos los demás. Ya vimos que la indisolubilidad es un arma dedoble filo. Si se devalúa el compromiso, se fomenta la infidelidad.Basta con mirar la evolución de los últimos años. Hace unos decenios los divorciadoseran una gran excepción. Si perseveraban no era sólo gracias a sus buenasdisposiciones, sino también gracias al apoyo que recibían de su entorno familiar ysocial. Hoy en día, más todavía en las grandes ciudades, sucede lo contrario. Comocontra argumento simplón, se dice que antes había mucha hipocresía: que la gente no sedivorciaba pero que en muchas familias había discordias. La verdad es que siempre hahabido desavenencias, incluso en las mejores familias. Pero si, ante las dificultades, seha dejado una puerta abierta, es muy grande la tentación de abandonar el empeño porresolver los problemas.En todo caso, me parece una demagogia poner el acento en los problemas dematrimonios fieles y olvidar los terribles disgustos que se llevan quienes decidendivorciarse. Las injurias entre esposos pueden ocurrir en cualquier matrimonio, perotambién es verdad que esas injurias se intensifican cuando uno de los cónyuges amenazaal otro con iniciar un proceso de divorcio. Cuando se sinceran, todos los divorciadoscoinciden en decir que los trámites del divorcio fueron el peor trago de su vida. Y si sontodavía más sinceros -lo he visto tantas veces-, deploran haberse divorciado.Cuando se debatía en España la ley del divorcio, recuerdo que una persona de un pueblonavarro me dijo: «Si aprueban esa ley, aumentará el número de matrimonios rotos; mira,en mi pueblo, si a un hombre casado se le ocurriera hacer el tonto con otra mujer, no loharía porque sus hijos le molerían a palos; pero si sale esa ley, llegará un día en queincluso a la gente de mi pueblo le parecerá muy normal que alguien tenga la “valentía”de “liberarse” de su mujer o de su marido». Ha sido profético.¡Qué importante es fomentar un clima social que apoye el compromiso matrimonial!Me han hablado de una película italiana (“Casomai” de 2001), en la que se pone demanifiesto que muchos fracasos matrimoniales se originan más por culpa del entornoque por culpa de los esposos. Dicha película narra una boda en la que el sacerdote, pormotivos pedagógicos, inicia una conversación con todos los asistentes, invitándoles a
  10. 10. comprometerse en apoyar la fidelidad de los contrayentes. Uno tras otro protestan. Selevanta, por ejemplo, uno que dice que no se puede comprometer porque es un abogadoexperto en procesos de divorcio. Al final el sacerdote dice que entiende esos alegatos,pero pide a todos los asistentes a la boda que se salgan de la iglesia mientras los noviospronunciarán su promesa matrimonial. No es mala pedagogía.Más que nunca, hacen falta hoy en día modelos de fidelidad matrimonial. Por esa razón,termino traduciendo unas declaraciones que hizo una señora a un periódico holandés5cinco años después de haber sido abandonada por su marido (un tal Rob). Meimpresiona la coherencia de su testimonio:«Ningún funcionario puede invalidar la promesa que, ante Dios, hice a mi marido.Además, los hijos tienen derecho a un padre que siga perteneciendo a la familia; si no,viven en continua división.Cuando Rob quiso divorciarse, le acompañé al juzgado, porque pensé que también enesos tiempos difíciles tenía que estar junto a él y que lo nuestro no se podía resolver decualquier manera. Si no lo hubiese hecho así, la sentencia de divorcio habría sidoautomática. Cuando se me preguntó si quería divorciarme, dije que no. Le dije al juez:“Si mi marido quiere su libertad, se la doy, pero que yo no quiero divorciarme”.Siempre he seguido esa misma pauta: él es y sigue siendo mi marido. Eso hacontribuido a que sigamos siendo amigos, a que no nos enfrentemos. Por ejemplo,cuando venía y se iba de paseo con los hijos, yo le acompañaba. Los hijos necesitansentir que sus padres están unidos, que papá sigue siendo de la familia, aunque “algo”haya cambiado. Eso le ha dado mucha estabilidad.Además, me casé por la Iglesia: me casé ante Dios. Es una relación triangular. Lapromesa que hice entonces a mi marido se la hice también a Dios. Y también Dios nosprometió fidelidad. Eso ha sido mi mayor apoyo. Yo hago mi parte y sigo siendo fiel.Desde luego, eso me hace sufrir. Y es que si, por ejemplo, salimos juntos o participamosen una fiesta escolar de los hijos, eres de nuevo como una familia, pero sabes quedespués te volverás a separar. Eso duele mucho. En esos momentos pedí al Señor queme ayudara a aguantar el tirón... Mira, se dice a menudo que tanto el padre como lamadre tienen derecho a sus hijos, pero más bien son ellos nuestra responsabilidad y sonellos los que tienen derecho a sus padres, y no del modo que a nosotros nos convenga,sino del modo que ellos necesiten.Gracias a Dios, nuestros hijos se sienten incluso privilegiados. Dicen: “papá ya no viveen casa, pero ahora hemos recibido a Dios en su lugar”. La verdad es que, durante todoeste tiempo, Dios ha sido nuestra única fortaleza. Se ha metido muy hondo en nuestrasvidas. Yo y mis hijos sabemos ahora que, pase lo que pase, lo superaremos. Fue duro alprincipio. Yo sabía el tipo de vida disoluta que llevaba Rob, pero, cuando venía a casa,yo hacía la vista gorda. A menudo me decía a mí misma: “lo que haces por él, lo hacestambién por Jesús en él”. Si no llega ser por eso, hay momentos en los que noaguantaría, como cuando, sabiendo que viene a casa, cocino algo para él y no se queda acomer.Nunca he hablado mal de él ante los hijos, aunque hay cosas que ellos mismos ven, porejemplo que vive con otra. A mis hijos les digo que también yo cometo faltas, que notodo es culpa de Rob. También a éste le reconocí mis fallos, en una carta larga en la que
  11. 11. le pedí perdón. Me costó lo suyo escribirla. Nunca me respondió pero en todo caso losabe.Entretanto, Rob se ha vuelto a casar. En contrapartida, veo que se siente cada vez más agusto en casa. Viene a menudo por las tardes y, cuando los niños se han acostado, sequeda un rato conmigo. Vemos algo en la televisión o charlamos con toda normalidad.Puedo ahora decirle cosas sobre la familia y los hijos que nunca pensé que podríadecirle. Y ante ellos ha reconocido que se equivocó...».----------------------1. Mat. 19, 10.2. Empleo a propósito la palabra “cónyuge”, a pesar de ser menos usual. Evito lapalabra “pareja” (del inglés “partner”) porque ésta última contribuye quizá a laconfusión que reina hoy en día. Se habla, en efecto, de pareja para denominar cualquiertipo de uniones: novios, casados, concubinos de todo tipo y unión entre personas delmismo sexo.3. E. Vaugh, Retorno a Brideshead, Tusquets, Barcelona 1993, p. 18.4. Denis Tillinac en Le Figaro Magazine de marzo 1990.5. En Katholieke Nieuwsblad del 1 de noviembre de 1988----------------Comentarios al autor: P. Michel Esparzamichel.esparza@gmail.comComentarios al monitor del foro: Xavier Villaltaxvillalta@catholic.netParticipación en el foro:1) ¿Cómo argumentarías que el divorcio no es la mejor solución para lascrisis matrimoniales? ¿Qu& eacute; otras soluciones propondrías a losinteresados?2) ¿Por qué es igualmente absurdo hablar de "ex-mujer" o de "ex-marido"que de "ex-hijo"?3) ¿Por qué hacen tanto daño en una sociedad las leyes que facilitan eldivorcio?4) ¿Se te ocurre alguna sugerencia para mejorar este curso de catequesis?Con esta lección termina el curso en línea "Catequesis básica para padres", agradecemosa todos los alumnos su participación y esperamos que este curso haya servido para suformación.

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